Ciao!

 Hace tiempo ya que tú y yo no nos enfrentamos...

Y no es porque no quiera. Es porque no puedo. Me levanto a las siete de la mañana, interactúo con cerca de ochenta seres humanos diarios, con sus particularidades y sus heridas de abandono, y llego a mi casa a las siete de la tarde creyendo que aún me he dejado algo en el tintero.

Sin embargo, esto que te cuento es porque un día me prioricé.

Un día decidí conocerme lejos de las máscaras que creaba y de los sueños que construía al dormir. Un día decidí que ya bastaba, y que la falta de movimiento no generaba cambio. Tanto estudiar a los sabios para no escoger el camino a seguir...

Un día decidí mirar al cielo de los ojos de aquel niño que fui, que veía todo grande, todo por explorar, que se desdoblaba y que hablaba por las noches con gente que le daba cariño y le acurrucaba cuando faltaba el calor de unos padres ocupados en salir del atolladero. Y me hice, antes de que decidiera morir, un segundo "yo" que se adaptara a esa falta. A esos amigos inexistentes, a esos abusos, a esa manera tan prematura de hacerme adulto poco a poco, desde finales de la primaria hasta la entrada del instituto. Te di mi oscuridad. Pa' ti, pa' siempre.

Y, de un tiempo a esta parte, junto con marcaje de límites férreos, me enfadé nuevamente con Dios y con el camino inescrutable, escrutando con ojo clínico cada relación, cada vínculo, cada perspectiva. Le dije al mundo que no me quedaría atrás y me moví. Vaya que si lo hice. Y lo sigo haciendo.

Hace tiempo que no hay un cara a cara entre tú y yo. Pero el tiempo es como una página en blanco de un libro que no se cierra nunca, y parte de esa narrativa la conformas. El hecho de expresarme, el hecho de saber que me enamoré profundamente de una persona, y que después desaparecí por no saber cómo hacerme cargo de sus miedos y su necesidad tóxica de mantener a todo el mundo contento y bajo su protección; pero a la vez contentarla y decirle que aunque su falta me hiriese, yo seguía adelante y escribiendo. Y me llenaba de regocijo saber que me escribía debajo tuya dándome ánimo. 

Un ángel de la guarda, pero una guardia de ángel caído.

Y esta noche vuelvo con esa mirada de niño y de persona enamorada (de la misma de siempre) a decirte que le puse los límites y le fui claro, y me ha ido genial sin ella. Y muchas veces he tratado de convencerme de que eso debía ser así, y así ha sido, aun sin estar del todo convencido. He tenido la cama caliente, el corazón frío, la comida helada y la herida sangrando, pero controlando, porque me estoy convirtiendo en el adulto funcional y talentoso que ella sabría que me convertiría en cuanto tuviera un mínimo de amor propio. Lo hice, lo estoy haciendo. Y quiero que sea así, porque ni un sorbo de época pasada compro ni catalogo como mejor. Me estoy haciendo fuerte y decidido, a pasos agigantados.

No le dedico al tema mucho, porque mañana siempre habrá cosas que hacer y las canas me están saliendo ya; y tengo que aprovecharlo todo, porque se me escurre la vida poquito a poco. Y te prometo que lo hago... Mis proyectos, mi vida construida, mi amor propio mimándome y mis ideas claras. ¿Como las he tenido siempre? Sí, pero esta vez ejecutando.

Hoy he tomado de las manos a mi padre y, antes de arrepentirme por no tenerle ya, le he dicho que tenía razón, que los problemas de hoy, mañana no lo eran. Y efectivamente. Pasé años con una avidez de validación externa y faltó el reivindicarme a mí mismo para que la vida me cambiara, lo que ayer fueran lágrimas por un amor históricamente no correspondido, hoy es una sonrisa retadora que abrió que tuviera lo que tengo ahora: patrimonio, estabilidad, motivación, proyectos a corto y largo plazo, y muchísima tarea por hacer.

Y he llorado. Tiritado nuevamente. ¡De hecho, lo estoy haciendo! Pero no me puto importa, porque saldré adelante, porque no son lágrimas de añoranza y dependencia sentimental, sino lágrimas de haber saltado al vacío y estar cayendo recto, pulcro y trabajando mis defectos.

Así que dejo en tu regazo mi pluma, a modo de tierna despedida, porque si he terminado el libro que escribí conmigo y con ella, también tengo que zanjar nuestra historia en esta barra de bar particular. ¡Qué menos! Me has sido tan fiel, tan lúgubre, tan sensual, tan... hermético y tan misterioso que no encuentro frase cien por cien acertada para expresar este agradecimiento que siento.

Hemos levantado torres, hemos pasado por bosques, hemos tocado el sexo de la guitarra y la hemos encendido lo poco que sabíamos para hacer esas canciones, esos poemas, esos cachos de corazón que se rompen para darles un trozo a las personas que no van a devolvértelo... Tú me has protegido, también amado y odiado a la vez, y me has aconsejado mirarme al espejo y reconocerme cada vez que le daba a publicar y no veía la hora para que esta niña lo leyera y reaccionara.

Pero se acabó, como todo lo que se acaba, porque nada queda en suspenso. Es una ilusión. Y yo crecí, amigo Peter. No hubo un niño más perdido que yo. Pero ya nunca jamás.

Hace tiempo que tú y yo no nos enfrentamos, y no sacamos en claro que no hay mayor contienda que la de uno mismo, codo a codo contra sí y por sí, porque sí en la juventud y, a partir de ahora: "¿Por qué no?" Hay infinitas posibilidades, y siento que agarro el universo como si fueran globos.

Reza conmigo para que termine de conocerse por fin y alcance la libertad y la autoestima que tanto necesita. Al fin y al cabo, en eso consistía lo nuestro.

Dejamos de ser "un tal yo" ella, tú y yo. 

Porque yo ya sé que me llamo B. de A.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Samhain (I)

Son cosas de niños...